sábado, 20 de octubre de 2012

Uno de vosotros

Si me vigilas te darás cuenta.
Yo nunca fui nadie
sólo alguien en apariencia.
Me gusta observar
agarrar al vuelo
algunas palabras sabias
deconstruir frases hechas
hacerlas mías
y usarlas con gracia
en diálogos de manual
rompiendo las reglas
con el factor sorpresa
sin haber hablado de nada.
Aplauso rápido
e invitación a la fiesta.

Si observas mis movimientos
te darás cuenta.
Soy un espía del resto.
Un infiltrado social.
Capto gestos y los copio.
Los varío lo necesario
y me los quedo.
Echo mano en el instante
más certero
y los adorno
con alguna nimiedad.
Actúo de tal manera
que parezca mentira
que sea mentira de verdad.

El tiempo
pone a cada uno en su lugar.
Si alguna vez me descubren
me iré por las ramas del mundo.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

jueves, 13 de septiembre de 2012

Todo comenzó un sábado

Todo comenzó un sábado en su oficina
cuando se levantó a cerrar la puerta
con un “ya que nunca vienes a verme...”
y me propuso cenar con ella
para celebrar el aniversario
de nuestro último plazo fijo.
En no sé qué día de un mes del año dos mil algo.
Tal vez acabara en doce.
Tal vez fuera la última semana del mes de agosto.
Tal vez fuera...
que tal vez fueron...
demasiados talveces...


Bebió demasiado y se dejó hacer muy poco.
Ya había brindado por todas las cosas vivientes menos por uno
y entonces, me dejó helado:
¡Ésta a tu salud!”
Sin darse cuenta que ya no quedaba más cola en el vaso.
Mal augurio.
Ya no seremos hermanos de ketchup” dijo riendo.
Salimos buscando algo que nunca encontramos.
Caminamos en círculos durante un rato.
De repente quiso darme dos besos:
- Yo sigo todo recto hasta el final
- ¿De verdad no quieres que te acompañe? Tú sola, por la calle...
   A estas horas...
- Tranquilo, siempre llevo en el bolso uno de esos sprays
   por si el violador no me gusta.
Quise decir algo más
pero no había nada más que decir.


La cosa acabó un lunes de fondos perdidos,
ahorros retirados, libretas anuladas y plazos vencidos.
Cuando uno invierte en talveces y sólo recoge porqués...
el resultado no es otro que
una tarjeta de crédito partida en dos.
Cortada por unas tijeras
que aún daban vueltas a la mesa
como ella a su conciencia
en su última objeción:
¿Realmente es cierto eso de que quieres morir joven
o sólo fue una excusa para no abrirte el plan de pensiones?”

jueves, 30 de agosto de 2012

Getsemaní (Verbotene Aufnahmen)

No sigas insistiendo,
no va la luz.”
(Podemos hablar a oscuras
mientras llega el ascensor
y haces ruido con la compra
al sentirte tan violento.
Creyendo que te podría besar
cuando yo sólo muerdo)
Aún me pregunto
de vez en cuando
cómo te llamas
y si sigues viviendo
en aquella casa.
Hoy, por ejemplo.
Aunque hoy es mal ejemplo.
Porque hoy
han pasado tantas cosas
por mi mente
que ya no sé cuántos días
caben en éste.
Ni cuantas veces he muerto
en los últimos tiempos.
O en cuántos resurgimientos
he creído renacer de nuevo.
A veces la Muerte
me sorprende con la Vida
en actitud cariñosa
pero no le importa mucho
sabe que tarde o temprano
acabaré en sus brazos
en mitad de una orgía
a corazón abierto
a dos calles de Dios
y a un paso del infierno.


 
A la orilla de un trasero
a ras de unos vaqueros rotos
pude leer “Urban Waves”
Urban en la nalga izquierda
Waves en la derecha.
El traqueteo del autobús
balanceaba su cuerpo
ligeramente hacia delante
y ligeramente hacia atrás
hacia mí y hacia allá
hacia mí y hacia allá
como las olas del mar
meciendo un hueso de goma
en mitad de la ciudad.
No hubiera cedido el sitio
ni al tullido más honesto
de la guerra más sangrienta.
Ésa era mi batalla
y en la lucha
perdí el alma y el paraguas
además de la vergüenza.
Casi conseguí nadar
hasta el final del camino
pero mi suerte se fue
por la última curva.
Y si a alguien le quedan dudas
que no se le ocurra preguntar
por la flor natural
que no se marchita.
Ahí queda eso
y ha quedado muy mal.


 
Aterricé en el verso
de un poema de Aldecoa
y evitando saltar al siguiente
me adentré en él
a ver qué pasaba.
Crucé un puente de madera,
erraba la noche
litúrgica y vaga
y en el último banco
apareció ante mí una joven
deshecha en lágrimas.
Me detuve ante ella
dudé en sentarme a su lado
pero ya era incómodo
hasta pensarlo.
Apenas había luz
no pude verle la cara.
Nunca sabré si supo
que yo estuve allí para nada.
Una semana después
volví al mismo verso
y atravesé el mismo puente
y en el último banco
apareció sentado
un hombre de traje
con un maletín verde
hojeando el periódico
buscando en contactos
hostales y albergues.
El hombre expulsado de casa”
lo llamé a éste.
Y a la otra
La chica triste del puente.”


 
Y aquí acaba la cosa
donde las cosas terminan
en el Cajón de las Cosas Valiosas
cosas de todo tipo
recortes de una vida
como el Edificio Apolo
esperando en su azotea
mi fiesta de despedida.
Ese ático fantasma
concebido para mi causa
o el Hombre de la Media Cara
o mis Noches Viejas Malditas
registradas como marca
cada 365 días.
Y el loco que subió
por el borde de la peineta
y el Hombre del Vómito Rosa
apoyado en una mesa.
Y la rata en la peatonal
y los turistas en estampida....
La certeza de que nada es verdad
de que todas las mentiras
podrían haberme sucedido ya
y que el Infierno
que me prometieron
era el Cielo
que quisieron venderme.
Y aunque duela y aunque cueste
nadie deja de remar
ante la idea de la muerte.
Así pues
si fuera a alcanzar el triunfo
a punto de rozar el arco
en un arrebato de humanidad
cual demonio de lo perverso
correría un último riesgo
para tener la esperanza
de sentirme vivo
por más tiempo.
Y Eso
sea lo que sea
no es la felicidad.

viernes, 17 de agosto de 2012

Cuando Washington Priceton conoció a Georgia Lagette

Se conocieron en Despeñaperros.

Ella probablemente no quería ser
otra cosa en la vida
que lo que era.
Ella quería ser eso. Ella quería ser Ella.

Una ácrata de mano dura
y manga ancha
ante un acróbata partidario
del inmovilismo.
Palabras demasiado profundas
en paladares postizos.
Un sincretismo de idiotas
pretendiendo sembrar dudas
y recoger catedrales.
El destino elige muy mal
a los destinatarios.
Fue todo tan malo
que destacar sólo una cosa
hubiera sido injusto.
Él prometía muchas cosas
- Si levantamos la copa
juro renunciar a la prima
para no correr el riesgo
de tenerte que escuchar
en estos tiempos que vuelan
de maniquíes a maniqueos
puedo prometer y prometo.

Él era una mala imitación
de Alister Crowley
y ella la reencarnación
de un garabato quinoniano.
Pero si invertimos el abanico
nos saldrá
un dossier de la amargura
una especie de inseguridad sangrante.
Siempre fue un mal día
para dejarse crecer las venas.
- ¿Será que te amo
y por eso te odio tanto?
- ¡Y un Cojón de Gato!
No me lo trago.

Esas cosas la hacían vomitar.
Como un axioma de pecho
ante una verdad en crudo
regada por un mal vino
que vino a ser mentira
después de tanto jurar.
Un resultado humillante
ya no habrá segunda vuelta que jugar
ni más copas que levantar.
El resultado: Empate a Nada.
No te conozco.
Tú a mí tampoco.
Y con eso ya es bastante.
Sólo compartiremos el mismo problema
donde la única solución
se obtiene al disolver el alma
en una o varias sustancias.
Llamemos a una ambulancia.

Él probablemente no quiere ser
otra cosa en la vida
que lo que es.
Él quiere ser eso. Él quiere ser Él.

Nos veremos en Jarrapellejos, baby.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Impetu, empuje y la tierra es nuestra

HOLA
soy el fantasma de Joe el acomplejado
colgado de su precioso cuello blanco.
Unos dieciocho meses atrás
viajé a una zona mística del tiempo
pero echaba de menos mi cama
y acabé volviendo a casa.

Me dijeron:
Hay demasiada cafeína en tu sangre
y una verdadera falta de esencia
en tu vida”
Dejadme tranquilo -respondí
porque estoy bien.
Quizás un poco sorprendido
de continuar todavía solo.

Oh, pero no menciones el amor
odiaría tener que soportar
el dolor y el agotamiento otra vez.
Impetu, empuje y... la tierra que pisamos ¡será nuestra!
Lo ha sido antes
y lo será de nuevo
y la gente que es más fea que tú y que yo
cogen lo que necesitan
y se van.

Oh, pero no menciones el amor
no podría soportar la tensión y el dolor
una y otra vez...
Impetu, empuje y... la tierra que pisamos ¡es nuestra!
Lo ha sido antes
así que...
¿por qué no puede serlo de nuevo?
Y la gente que es más débil que tú y que yo
cogen lo que necesitan de la vida...

Oh, pero no menciones el amor
No, no, no, no menciones el amor
Impetu, empuje y la tierra que pisamos es nuestra
Nuestra juventud puede haberse marchado
pero todavía somos especiales...
Así que... llámame, llámame, llámame
venga, llámame, llámame...

Oh, creo que estoy enamorado
Oh, creo que estoy enamorado
Oh, creo que estoy enamorado (estoy enamorado)
Arghh, creo que estoy enamorado
Oh...





martes, 31 de julio de 2012

Pájaro Verde (Stop me if you think you've heard this one before)

El último párrafo
acaba en Montauk.
El cielo está de un tópico
que casi se me cae encima.
El cielo está de pelmazo
como yo de plomizo.
El cielo es un delirio
como un frasco de aspirinas
en un estómago vacío.
Del cielo cogeré al vuelo
el rastro de todos los pájaros
y ensamblaré las líneas perdidas.


Son las tres de la mañana.
Es la medianoche demoníaca.
Mañana será mejor que pasado
así que disfrutaré de mañana
antes de que pasen dos días.
Me levantaré temprano.
Iré al mercado por el carril verde.
Calcularé la compra
sólo hasta el último párrafo.
Traficaré con bicicletas
que suenan a microondas.
O con microondas
que suenan a bicicletas.
Qué más da de todas formas
si da igual de todos modos.
Cuando se trata de dar
una pedalada detrás de otra.
Antes de que el tiempo pase.
Antes de que acabe todo.
Tres años en África
sin una brizna de hierba.
Sexador de pollos
después de tantas noches de juerga.
Machacado a picotazos
en una fábrica de cera
estampada para colmenas.
Hace un tiempo
las ideas se desmelenaban
en mi cabeza
pero ahora que nada pienso
el pelo se me cae
de forma descabellada.
Alivio cómico.
Sensación de víspera.
Las palabras son como las hojas, *
cuando abundan *
poco fruto hay entre ellas. *
O bien una sentencia
cuando cae alguna
por su propio peso.


El último sollozo
será en un coche.
Cuando el último cielo
se me caiga encima
como el primero.
Cuando vea arrancadas páginas
en un diario en blanco.
Cuando hagamos
que no nos conocemos
en un vagón de tren
por habernos conocido tanto.
Algo nos sobrevolará
y no dejará ni rastro.




* Versos de Alexander Pope