martes, 5 de junio de 2018

Gema

De lejos la observo, 
en mitad de la pista, 
ensimismada,  
con los pelos en la cara 
y su cabeza en el móvil. 
Queriendo matar a alguien 
o matándose por nadie. 
Y alrededor de ella 
baila la gente 
como si no molestara. 
La tía más acabada del after 
y ni siquiera bebe. 
Yo me pido otra 
a su salud y a mi muerte. 
La gente se acerca 
y ella se aleja 
en círculos raros 
sin apartar la mirada 
de lo que tanto la mata. 
Espera a su chica, 
tratando de hacerle 
creer que está viva. 
Ahí, en mitad de la nada, 
ensimismada. 
Inquieto la observo, 
y voy orbitando 
el rastro del ego 
que va dispersando 
con la cabeza gacha. 
Y llego hasta ella, 
sorteo su mochila, 
se aparta al instante 
sin levantar la vista 
y vuelvo a intentarlo 
alargo mi cuello, 
consigo estar dentro 
y leo “caliente”. 
La gente se mezcla 
y siguen bailando. 





domingo, 29 de abril de 2018

Maniobra de Heimlich para gatos

Te contaré una historia. 
Del último junio a este mayo 
he perdido 10 kilos 
y me han caído 100 años 
en los ojos y en la boca. 
Y todavía sonrío 
al apartar la mirada 
sin aceptar la derrota. 
El infierno fue un trabajo tras otro 
que fui apagando con mi cara. 
De centros comerciales  
a plazas de ciudades  
que plantan monumentos
y luego los abrasan.
Empecé un diario,  
se llamaba: “Días de resiliencia” 
pero las páginas ardían 
y yo no daba con la tecla. 
En la familia hubo tres muertes 
y una boda. 
No por ese orden 
y no, no es broma. 
Cada vez que me preguntaban 
si tenía novia, 
yo siempre respondía que no 
contigo en la cabeza. 
Pero esa es otra historia. 








jueves, 8 de marzo de 2018

Demolición

Al fin se consumó, después 
de tantas perfecciones tan equívocas, 
de tanta precaución y cálculo, probando  
que nada fuera inútil, ni lo nimio,  
ni los más delicados pulimentos: 
al fin se consumó lo improyectado 
por la mano, al revés de la materia. 
La mano reconoce que otra mano  
más poderosa hay sobre ella 
otro proyecto inverso, otra escultura  
abierta al desgarrón que nos genera,  
el ojo reventado de la forma,  
el descoyuntamiento crucifixo 
el boquete sediento de la luz  
manando los destrozos  
de una extraña alegría  
en una soledad severa. 



Cintio Vitier