jueves, 8 de enero de 2015

Electrocardiograma

- Mal asunto - sentenció,
tras observar los resultados
minuciosamente.
- No te doy más de un mes
sin que vuelvas a llamarla.

Poema caído del cielo

Un local en la Gran Vía:
LLUVIAS DE ABRIL”
Ropa de diseño,
exclusividad y moda.
En la puerta
la dependienta fuma
con avaricia.
Más seria que un lunes
a primera hora.
Demasiado aluminio
para una mirada tan fría.
Viñeta que perece.
Historia que declina.
Entonces alguien la llama:
¡ROCÍO!”
Y todo tiene sentido.

Personita

Prefirió subir por las escaleras
a compartir ascensor conmigo.
Una semana después,
en la cola del súper
la hice pasar delante de mí,
puesto que sólo llevaba un artículo.
Me dio las gracias
con una sonrisa avergonzada.
Quién sabe, tal vez pensó
que hay violadores que valen la pena
fuera de un ascensor.

Derecho a tanteo

Si quieres recuperar
todas tus pertenencias,
sí, esas que dejaste
en mi casa.
Te daré una dirección
con tres uves dobles:
¡Puja por ellas!

Suzanne

Hay canciones
que no deberían
volver a sonar
nunca más
en nuestra vida.
Y mucho menos
en la cola
de la panadería.

Polvo de luna

El polvo de la luna es ceniza.
La ceniza de todos los cigarros
que la gente apaga en ella
mientras la observan
con los ojos entornados.

jueves, 18 de diciembre de 2014

Gente que desapareció un viernes

Aquella oficinista que sabía demasiado,
aquel fotógrafo de guerra,
aquel anciano que fue a por setas
o ese hombre que bajó a por tabaco.

Gente que desapareció un viernes.
Viernes de amenazas y temblores,
viernes helados, de tormentas en el campo,
viernes enterrados en un cráter
o esos viernes en que alguien
decidió cambiar de sangre.

Me gustaría desaparecer un viernes.
Un viernes muy soleado.
Un viernes de oficinistas a salvo,
de ancianos rehogando níscalos
o de padres de familia
que abandonan el tabaco.
Viernes de fotógrafos volviendo a casa
de una guerra que ha acabado.

Me gustaría desaparecer,
que fuera viernes,
que la gente me buscara.
La novia del fotógrafo,
la mujer de aquel hombre
que nunca bajó a por tabaco,
la nieta del anciano
que acabó rehogando níscalos.

Me gustaría desaparecer un viernes
¡y que todas las oficinistas del mundo
se muriesen por encontrarme!