lunes, 14 de enero de 2019

"Nadie habla con usted"

Un hombre y una mujer 
esperan el ascensor. 
Él les observa tras la mirilla. 
Hablan de la Semana Santa. 
El hombre se percata 
que hay alguien tras una de las puertas. 
Ese vecino con el que nadie trata. 
Entonces gira la cabeza, 
mirando con desdén 
y los ojos inyectados en odio, 
escupe un abrupto: 
Nadie habla con usted” 
Desde hace un tiempo 
ha pasado a llamarse: “El hombre solo” 
y en su maraña de ideas 
piensa cosas feas y raras. 
Alquilar el ático 
del Edificio Apolo 
para una gran fiesta de despedida. 
Invitar a todos sus enemigos 
y enemigas. 
Estos vecinos pasan a engrosar la lista. 
  


Baja a tomar café 
al mismo bar de siempre. 
Tras la barra hay dos chicas. 
Una de ellas, mulata. 
Siempre tiene una sonrisa para él, 
nunca le falta. 
La otra es un poco más seria. 
Ahora te lo llevamos” - Le dice. 
Él espera en la terraza. 
Fuma como un animal 
y su ropa nunca huele a suavizante. 
Fuma y fuma 
porque no va a morir de eso. 
Lo ha pensado tantas veces… 
Escucha un murmullo. 
Las dos chicas hablan dentro. 
Una le dice a la otra: 
Es para el hombre solo” 
La más seria aparece con el café, 
lo deja en la mesa 
sin mirarle a la cara. 
No le ha traído ni azúcar.







viernes, 4 de enero de 2019

miércoles, 19 de diciembre de 2018

Y cuando tú estés allí, en sus brazos… 
Y él esté ahí, entre tus piernas… 
Yo estaré en tu cabeza.








domingo, 25 de noviembre de 2018

Generación espontánea

Y de un impulso irracional 
agarras el móvil y lo miras. 
Esperando una respuesta. 
¿Sobre qué? Ni lo sabes. 
Y tampoco está ahí.






jueves, 22 de noviembre de 2018

"La noche oscura"

Entre sus pertenencias  
también encontraron 
un móvil antiguo, sin tarjeta. 
Lleno de fotos 
de mujeres dormidas, 
unas catorce. 
Creen que lo usaba de despertador. 


















martes, 2 de octubre de 2018

Puede que me equivoque, 
pero existe un momento en la vida,  
sólo un momento, en que somos conscientes  
de que somos genios o enamorados.  
O una cosa u otra, imposible ambas.  
Y cuando ese momento llega  
tenemos la vaga certeza  
de que arrastraremos nuestra carga,  
sea la que fuere, hasta el final de los días.  
Yo superé ya el momento.  
Sé que nunca alcanzaré las cimas de la genialidad 
 y lo más abrumador, acongojante aun,  
sé que el momento del amor  
se escurrió entre mis dedos para siempre. 
Así, ni tengo nada ni espero nada.



CHUSÉ IZUEL