sábado, 22 de febrero de 2014

Otras puertas

Nulos bajo las estrellas
Nulos bajo las estrellas.
Una espada sin caballero.
Un sueño poco sediento.
Una lluvia de palomas
bloqueando la salida.
Unas doscientas.
Todas heridas.

El apocalipsis debe estar llegando
¿o es ella, atravesando el pasillo?
(De mi mente hasta mi cuarto)

Nulos bajo las estrellas.
Una espada sin caballero.
Farfisas en llamas
crujiendo en la cima
de una montaña
de palomas muertas.
Unas trescientas...

Otras puertas se abrirán
cuando se cierre ésta.



Zsa Zsa Zsu
Clasifico mariposas
con alfileres y alcohol.
A las del estómago
las atravieso vivas.



Azul y fiero
Seré azul como el cielo.
Seré fiero como el fuego.
Porque a todo lo imposible
le precede un impostor.
Seré la Raza Humana
para todos vosotros.

¡Y atravesaré el Paso de las Termópilas
de sus ojos!



Gastón y Daniela
Vivía solo.
(Sigo viviendo solo)
Acostumbro a pensar en voz alta.
La tristeza es solitaria
y el amor omnipresente.
Compré un animal de compañía.
Conocí a muchas mujeres.
Me quedé sólo
con las que compartían el mismo nombre
para evitar traiciones léxicas.
Pero el loro me delató.



El pájaro de las plumas de papel
El pájaro de las plumas de papel
usa permanentemente
unos leotardos a rayas
y me observa de forma inquisidora
con una suficiencia insultante.

El pájaro de las plumas de papel
no deja de mirarme.
Cuando aparto su pico hacia otro lado,
al rato ha vuelto a girarse
y me continúa vigilando.

El pájaro de las plumas de papel
es un pájaro malo.
Debería guardarlo en un cajón bajo llave
o en una caja de zapatos
en el armario más alto.

El pájaro de las plumas de papel
dice que no me quieres.
Que se posó en tu ventana anoche
y yo no estaba en tus sueños
y que vives con un hombre.

El pájaro de las plumas de papel
se enfada cuando llego tarde.
Espera paciente a que me pudra
entre estas cuadro paredes
para ocupar mi alma y dejarte.

El pájaro de las plumas de papel
dice muchas verdades.
Pero no me creo ninguna.
Ni siquiera puede volar.
Es un pájaro triste.



Rosas, bebés y demonios
Tras delatarme el loro
la tilde se fue a por uvas
y trajo un vino maravilloso.
Rosas, bebés y demonios
para otros, para otros.
Los perros, el deseo y la muerte”
eso es lo que me divierte.
Un buen trago, pensativo
y sin pensarlo, lo trago.
¿Un poco de desencanto?
Añadámoslo al carro.
Matilde se fue a por cunas
y volvió con anticristos.
¿Rosas, bebés y demonios?
Para los listos.



Resituación
Cada vez que mi corazón se rompe
me siento más aventurero.
No puedo disfrutar un tallo de hierba
sin una parada de metro cerca.
Me envuelvo en las togas de tu transparencia,
que es como la medianoche en Dostoyevski.
¿Pero cómo me convertiré en leyenda?
He probado con el amor,
pero eso te esconde en el seno de alguien
y yo siempre me aparto a saltos de todo.
¡El éxtasis de saltar siempre en pedazos!
Ahí, en el corazón, donde la mugre bombea
y calumnia y ensucia y determina.
¿Por qué debería compartirte?
¿Por qué no te deshaces de él
para variar un poco?
Te admiro, mi amor,
por la trampa que me tendiste.
Como un capítulo final que nadie lee
cuando se ha desvanecido la trama
porque se ha terminado la intriga.
Tengo que largarme de aquí.
Volveré, otra vez emergeré, derrotado.
Sólo es media tarde, queda mucho por delante.
Abajo no habrá correo.
Doy la vuelta, escupo en la cerradura
y el pomo gira.

F.O

martes, 21 de enero de 2014

viernes, 10 de enero de 2014

Desamparados

Yo querría escribir una canción
que comenzara lenta
y que hablara de ti.
Que fuera una súplica
a la vez que una ofrenda.
Una canción
sobre tu forma de mirar
cuando miras de esa forma.
Una sucesión de cosas
de esas cosas tan nuestras
que si me odias me amas
y de esto que se derrumba
y nunca se desmorona.
De esa grieta que se agrieta.
De estas ruinas que no arruinan.
De esta rara “cosa nostra”
De esta seria tontería.
De este amor entre comillas
que resiste cada día.




Yo querría escribir una canción
que se llamara como tú.
Una canción dedicada,
como las que hacían Bob Dylan,
John Lennon o Phil Ochs.
Que fuera un juramento
o un perjurio o un mantra.
Si me pusiste a prueba
y una de las veces fuiste nada
fue para merecerte.
Y rodeado de libros sagrados
juraré que no te amo
para que los dioses me castiguen
por usar su nombre en vano
a que nunca jamás me creas
y que así puedas creerme.
Estoy tan enamorado
que querría escribirte una canción
¡una loa incontestable!
¡un todo desorbitado!
con un precioso estribillo
y un órgano de iglesia, sentenciando:
El éxito será un fracaso.




Yo querría escribir una canción
para decirte: “Te amo”
y podértela cantar
de terraza en terraza
huyendo lejos del sol
que siempre me da en la cara.
Y de este amor absoluto
que en absoluto es amor.
De este estar contigo solo.
De esta enumeración de nadas
que nadan en la esperanza
y a la esperanza ni agua...
Y equilibrar nuestras vidas
con un poco de veneno
y un trozo de limón
sobre esas heridas que sangran
después de cicatrizadas.
Y regalarte el descrédito
tras ser descatalogado.
Acertar quince en la Q
y salir a emborracharnos
para luego secuestrarte
en una casa en el campo.




Yo querría escribir una canción
que acabara en éxtasis supino
y que jamás la olvidaras.
De esas que se recuerdan
sin haberlas entendido.
De esas que se aprenden sin memoria.
De esas canciones oscuras
de luminosa belleza
con un final abrasivo.
Yo querría escribir un himno
que rompiera a llorar
en una cruel letanía
que arrancara los sentidos.
Yo querría escribir una canción
en un acorde divino.
En Thor mayor, en Dios menor,
en Ra, en Ka o en Alá.....
Que sonara a sacrilegio,
a milagro o a suicidio...

¡Tómala, es para ti!
Por los siglos de los siglos.
Y que la última nota estalle
en miles de pedacitos
sobre una dedicatoria:
Sea lo que sea
que no acabe siendo
lo que pudo haber sido”








martes, 31 de diciembre de 2013

jueves, 26 de diciembre de 2013

Neuroma de Mordor

El mundo se vio obligado a destruirme
y mis manos se lanzaron hacia el fuego.
Una extraña fuerza me arrastró hacia dentro.
Un crepitar de verrugas en mis dedos.
Un elefante de cartón-piedra a punto de arder.
El dragón amarillo masticando mi ingle izquierda.
Crematorios vacíos a las afueras de la ciudad
esperando domingueros inexpertos.
Un frío dejado de la mano de Dios
llegando a la zona perineal del infierno.
Disney apto para consumir debido a un corte de luz.
Una lesión en la porción timpática floreciendo
del esternocleidomastoideo.
Paul Celan comprando la Cabalgata de las Valkirias
en una tienda de comida china.
Médula de oso como dieta incendiaria
para una tendinitis provocada por Helena de Troya.
La chica que creyó que iba a ser violada
denunciándome por falta de ganas.
Una banda de antipsicóticos atracándome
a punta de cordura, atravesándome el metatarso.
Caravanas de enomaníacos manifestándose en mis hombros
contra la ingesta de antiinflamatorios.
La comunidad hindú uniéndose a ellos
en “La marcha del azúcar.”
No puedo avanzar.
Hay hombres armados dentro de mi cabeza
y disparan a mis pies.
Un gatito me acompaña en la travesía del puente de madera
cruzándose en mi camino,
pegándose a mis zapatos.
Consigo deshacerme de él al llegar a un parque.
“Los niños llorones” me odian.
Sólo me quedan los ojos.

viernes, 13 de diciembre de 2013

Oda

Este día que nos deja.
Un insulto a la vida.
Una oda a la tristeza.
Esta dormida esperanza
que se despierta por nada.
Estas ganas de estar vivo
sin querer salir de casa.
Esta insaciable pereza
que no perece ni harta.
Esta semana pasada
que pasó de madrugada.
Este renacer tardío.
Esta soledad soleada
que se enciende y se apaga
con el interruptor de la lámpara.
Una taza, una cuchara.
Una botella de agua.
Este desorden sombrío.
Esta voraz desgana.
Este querer decirlo
sin soltar ni una palabra.
Este continuo absentismo.
Esta página que pasa.
Este libro que no acaba.
Este leve escalofrío
que se pierde entre la lana
y la lana en una sombra
sobre una montaña de ropa
en la pared, un abismo.

domingo, 10 de noviembre de 2013