viernes, 10 de enero de 2014

Desamparados

Yo querría escribir una canción
que comenzara lenta
y que hablara de ti.
Que fuera una súplica
a la vez que una ofrenda.
Una canción
sobre tu forma de mirar
cuando miras de esa forma.
Una sucesión de cosas
de esas cosas tan nuestras
que si me odias me amas
y de esto que se derrumba
y nunca se desmorona.
De esa grieta que se agrieta.
De estas ruinas que no arruinan.
De esta rara “cosa nostra”
De esta seria tontería.
De este amor entre comillas
que resiste cada día.




Yo querría escribir una canción
que se llamara como tú.
Una canción dedicada,
como las que hacían Bob Dylan,
John Lennon o Phil Ochs.
Que fuera un juramento
o un perjurio o un mantra.
Si me pusiste a prueba
y una de las veces fuiste nada
fue para merecerte.
Y rodeado de libros sagrados
juraré que no te amo
para que los dioses me castiguen
por usar su nombre en vano
a que nunca jamás me creas
y que así puedas creerme.
Estoy tan enamorado
que querría escribirte una canción
¡una loa incontestable!
¡un todo desorbitado!
con un precioso estribillo
y un órgano de iglesia, sentenciando:
El éxito será un fracaso.




Yo querría escribir una canción
para decirte: “Te amo”
y podértela cantar
de terraza en terraza
huyendo lejos del sol
que siempre me da en la cara.
Y de este amor absoluto
que en absoluto es amor.
De este estar contigo solo.
De esta enumeración de nadas
que nadan en la esperanza
y a la esperanza ni agua...
Y equilibrar nuestras vidas
con un poco de veneno
y un trozo de limón
sobre esas heridas que sangran
después de cicatrizadas.
Y regalarte el descrédito
tras ser descatalogado.
Acertar quince en la Q
y salir a emborracharnos
para luego secuestrarte
en una casa en el campo.




Yo querría escribir una canción
que acabara en éxtasis supino
y que jamás la olvidaras.
De esas que se recuerdan
sin haberlas entendido.
De esas que se aprenden sin memoria.
De esas canciones oscuras
de luminosa belleza
con un final abrasivo.
Yo querría escribir un himno
que rompiera a llorar
en una cruel letanía
que arrancara los sentidos.
Yo querría escribir una canción
en un acorde divino.
En Thor mayor, en Dios menor,
en Ra, en Ka o en Alá.....
Que sonara a sacrilegio,
a milagro o a suicidio...

¡Tómala, es para ti!
Por los siglos de los siglos.
Y que la última nota estalle
en miles de pedacitos
sobre una dedicatoria:
Sea lo que sea
que no acabe siendo
lo que pudo haber sido”

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