domingo, 12 de febrero de 2012

3 horas, 16 minutos y 30 segundos

Se supone que soy un gran poeta
Y tengo sueño por la tarde,
Sé que la muerte es un toro gigantesco
Dispuesto a embestirme
Y tengo sueño por la tarde.

Sé que hay guerras y hombres que pelean en el ring,
Sé que hay buena comida, buenos vinos, buenas mujeres
Y tengo sueño por la tarde
Me inclino hacia el sol tras una cortina amarilla
Y me pregunto a dónde habrán ido las moscas del verano,
Recuerdo la muerte tan sangrienta de Hemingway
Y tengo sueño por la tarde.

Algún día no tendré sueño por la tarde
Algún día escribiré un poema que encenderá volcanes
En las colinas que están ahí fuera
Pero ahora mismo tengo sueño por la tarde
Y alguien me pregunta "Bukowski, ¿qué hora es?"
Y yo contesto "3 horas, 16 minutos y 30 segundos".
Me siento muy culpable, me siento asqueroso, inútil,
Demente, tengo sueño por las tardes
Están bombardeando iglesias, bien, eso está bien
Los niños montan ponies en los parques, eso está bien
Las bibliotecas están llenas de miles de libros sabios
Hay música grandiosa encerrada dentro de la radio
Y yo tengo sueño por la tarde,
Tengo una tumba dentro de mí diciendo
"Va, deja que lo hagan los demás, déjales que ganen",
Déjame dormir
El ingenio está a oscuras
Barriendo la oscuridad como una escoba
Me voy donde han ido las moscas en verano
Intentad atraparme.



Charles Bukowsky

miércoles, 11 de enero de 2012

Comprobación de redundancia cíclica (Error)

De repetirme tantas veces
conseguiré repetirme mejor
conseguiré repetirme tan bien
que las siguientes
sólo serán repeticiones de ésta.
Es una forma de verlo
de las comunes, la más común
que mi memoria es tan perra
que ni en cien años luz
olvidaría esta guerra.

Mientras mis amigos
hablaban de la crisis
yo intentaba escuchar
a Álex Brendemül
en la otra mesa
exponiendo la diferencia
entre el pádel y el squash
y entonces algo hizo “crac”
dentro de mi cabeza:

“Si tú no tienes el valor
para dejarme
seré yo el que me deje por ti”
Al fin y al cabo
mis suicidios
siempre fueron ejemplares
(sobre el papel) no te emociones.

De repetirme tanto
conseguiré repetirme mejor
yo lo advierto por si acaso
si no lo he hecho
ahora lo hago:

“La crisis somos nosotros
el resto es todo una mierda.
Algo debió caducarse
mientras yo me empeñaba en tragar
y ahora miro la tapa
y no le encuentro la fecha,
se ha borrado y oxidado
¿eso es Nada?
Eso es todo lo que tengo
que a pulso me lo he ganado
y tanto me lo merezco”

Un aplauso para el caballero

“Y como muestra de ingratitud
por menos que te pese
o más que te agrade
se puede decir que contigo
siempre he estado a la altura”
A la altura del betún.

Y para la dama, un verso de repetición

“Lo peligroso
de llevar la sartén por el mango
es que de saltar el aceite
a alguna cara
será a la tuya
a la que acabe saltando.
Y si no tienes el valor de dejarme
seré yo el que me largue de aquí”
Al fin y al cabo
los suicidios
siempre han sido mi especialidad
(en la teoría) no es un halago.

Que arte no te falta
para faltarme
(de ausencia) no te delates
pero para que haga
lo que nunca haré por ti
aún te queda
aprender algunos bailes
y a mí
volverme aún más tonto
si cabe.

Y acabando
con “uno de esos normales”
si no te parece mal
Miss Gray tendrá que esperar sentada
que caminos hay muchos para morir
y por lo menos a mí
aún me queda hacer un viaje
ése
(al fin de donde tú sabes)
un beso
que ya es tarde.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Alarma

No quiero asomarme a la ventana.
El viento agita los árboles
de forma violenta,
un remolino de hojas secas
inunda el cielo
como un funeral
lleno de confeti.
Un montón de ellas
cubren el capó de mi coche,
ése que lleva sin arrancar
el mismo tiempo que yo
o menos.
Son las seis de la mañana
y la calle como siempre
esperando al mismo hombre
esmirriado y cabizbajo
que la acabe de cruzar
y levante de un chirrido
la persiana de su bar.
En el edificio de enfrente
una sábana tendida
se desprende
y planea unos segundos
hasta quedar enganchada
de una rama seca
a punto de quebrarse.
Una enorme polvareda
se levanta bajo el contenedor
de basura
y dos gatos salen corriendo
uno huye del otro
en mitad de un montón
de bolsas de plástico vacías
que se arrastran por la acera.
Suena el despertador:
Ya no es hora
de plantearse nada.
Es hora de dejarse llevar
como las hojas
como la rama
como las bolsas
como la sábana
como los gatos
como el del bar.

A partir de mañana
prometo ser
el hombre más gris de la tierra.

Si vuelve a sonar esa alarma.

Sótano

De tanto jugar con el lenguaje
olvidé cerrar la puerta de la palabra sótano
y la noche se desbarrancó escaleras abajo
entre paredes que se ajaban en silencio
y estertores de relojes
y baúles polvorientos
y un vago tumulto de pensamientos muertos.
Todo se volvió subterráneo
hasta perder sus raíces en medio de la oscuridad.
Y entonces sentí que algo se despeñaba
en la profundidad devoradora de mi boca
hasta convertirse en forma sombría,
en opresión de tierra
y en proximidad de huesos.



Armando Roa Vial

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Póker de dobles parejas

Y de repente, me encontré
presidiendo una cena
con un póker de dobles parejas
alrededor de la mesa
y entre manos
una copa de Château
y los reyes y las reinas
me miraban
esperando a que brindara por su amor
y brindé por ti y por mí
y por todo mi dolor.
Tras terminar el postre
paseamos por el párking subterráneo
de ese hotel de mil estrellas
en busca de más alcohol
las parejas se solapaban
formando tríos y escaleras
y me sentí el único comodín
viviente sobre de la tierra
que aún espera
a que llegue su pareja,
acaso quise pensar
que no era tu estilo venir
a un lugar con tantas bocas
que hablan y dicen cosas
y encima tienen brazos
y piernas y cabeza.
Y me alejé de la combinación ganadora
de los reyes y las reinas
y los príncipes y las princesas
para rascarme la pena
por las esquinas del párking
preguntándome de qué vale
tener el récord del mundo en quererte
si cada vez que te beso
me haces un control antidoping.
Puede que me cogiera
con el alma vacía y la vejiga llena
pero al pensar eso
me hubiera meado de risa
si no es por la impertinencia
de una vieja venida del futuro
o de otro planeta:
“Hay que ponerse las pilas”
me escupió la abuela de alguien
- yo es que uso baterías
de esas que ya no se fabrican
y me respondió:
“por internet todo se encuentra”
así que la mandé al siglo 18
a por cerveza.
Sintiéndome vencedor
de la mano decisiva
por fin salimos a la calle,
me ajusté la chaqueta
y me animé un poco.
Ahora que ya no me queda
un pelo de tonto
qué pena,
de listo tampoco.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Reflexiones finales

No sé qué nostalgia heredo,
no sé qué temblor me acusa.
Invento una escaramuza
de muslos, pero me quedo
entre las uñas del miedo
con fuerte olor a pasado.
En mi cuerpo estoy prestado,
la vida que dan no alcanza.
Esta es la última esperanza:
la sexta cara del dado.



Alexis Díaz-Pimienta

sábado, 10 de septiembre de 2011

Rapsodia de noche y viento

Las doce.
A lo largo de los cauces de la calle
sostenidos en síntesis lunar,
susurrando encantamientos lunares,
se disuelven los suelos de la memoria
y todas sus claras relaciones,
sus divisiones y precisiones,
cada farol que dejo atrás
resuena como un tambor fatalista,
y a través de los espacios de lo oscuro
la medianoche sacude la memoria
como un loco agitando un geranio muerto.
La una y media,
el farol rociaba,
el farol mascullaba,
el farol decía: "Observa a esa mujer
que vacila hacia ti en la luz de la puerta
que se abre hacia ella como una mueca.
Ves que el borde de su vestido
está desgarrado y sucio de arena,
y ves que el rabillo del ojo
se le retuerce como un alfiler torcido".
La memoria arroja y deja en seco
una multitud de cosas retorcidas;
una rama retorcida en la playa,
devorada, lisa, y pulida
como si el mundo rindiera
el secreto de su esqueleto,
rígido y blanco.
Un muelle roto en el solar de una fábrica,
óxido que se agarra a la forma que la fuerza ha dejado
dura y enroscada y dispuesta a dispararse.
Las dos y media.
El farol dijo:
"Observa al gato que se aplana en el arroyo,
saca la lengua furtiva
y devora un bocado de manteca rancia".
Así la mano del niño, automática,
salió furtiva y se embolsó un juguete que corría por el
muelle.
No vi nada tras los ojos de ese niño.
He visto ojos en la calle
tratando de escudriñar a través de postigos con luz,
y un cangrejo una tarde en un charco,
un viejo cangrejo con lapas en la espalda,
agarró el extremo de un palo que le tendí.
Las tres y media,
el farol espurreaba,
el farol mascullaba en lo oscuro.
El farol canturreaba:
"Observa la luna,
la lune ne garde aucune rancune,
guiña un débil ojo,
sonríe a los rincones.
Alisa el pelo de la hierba.
La luna ha perdido la memoria.
Una desvaída viruela le agrieta la cara,
su mano retuerce una rosa de papel,
que huele a polvo y agua de colonia.
Está sola
con todos los viejos olores nocturnos
que cruzan y cruzan por su cerebro".
Viene la reminiscencia
de secos geranios sin sol
y polvo en grietas,
olores de castañas en las calles,
y olores femeninos en cuartos de ventanas cerradas,
y cigarrillos en pasillos
y olores de cócteles en bares.
El farol dijo:
"Las cuatro.
Aquí está el número en la puerta.
¡Memoria!
Tienes la llave,
la lamparilla extiende un círculo en la escalera, sube.
La cama está abierta: el cepillo de dientes cuelga en la pared,
deja los zapatos a la puerta, duerme, prepárate para la vida."
El último retorcimiento del cuchillo.



T.S. Eliot