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martes, 22 de enero de 2013

La piedad peligrosa

Jugué a ceros y me quedé sin blanca.
La chica era una bromista
y me dejó una nota
en la habitación:
“Mejor muerto que pobre.”
Y otra frase retumbó en mi cabeza:
“La tierra nunca se va a mover para ti.”
Y arrugando el papel
me prometí mover el mundo
hasta volver a ella.
Mientras se instala a un lado de la mesa
percibo un pliegue nervioso
en la comisura de sus labios.
Acaba sentada frente a mí.
Lleva un vestido largo, color fucsia.
Ya han pasado unos años...
Me clava la mirada y ríe a carcajadas:
“¿Es efecto del vino
o es que estoy de buen humor?”
El director de la azucarera
la observa contrariado,
ella suelta su brazo
y me presenta en términos elogiosos
intentando burlarse de mí
para burlar el peligro.
Se acerca, se sienta a mi lado.
Resisto la tentación de rozar sus hombros.
Una vanidad casi infantil.
Los criados traen unos platos
para mí conocidos.
Caviar delicioso y helado,
faisán y sin cesar esos vinos
que aguzan voluptuosamente los sentidos.
“¡Aquí es donde quería llegar!” pienso.
Me sonríe tan cómplice...
- Bebe a mi salud antes de perder tu dinero
La agarro de la cintura...
- La tierra nunca se va a mover para mí
pero esta noche con tus caderas
haré que el mundo se dé la vuelta.

miércoles, 27 de junio de 2012

Bivolaru

La Esperanza era una bruja
y la Fe era una furcia.
Cuando la Esperanza
perdió sus poderes
la Fe bajó a la ciudad
en busca de carne y bienes.
Una vez llegó a Brasov
la violaron hasta robarle
sus métodos y perfeccionarlos.
Alguien que la conoció bien
se dio un festín de sangre
y de huesos.

En una granja, a las afueras
nada era tan malo
como muchos querían
que fuera:
Las mujeres recolectaban hojas
con forma de corazón.
Los hombres se rasuraban
hasta las venas.
Caída la noche
todos bebían palinka
y escuchaban a Trent D'arby.
Hacían el amor las veces
que no hacían el porno-yoga.
Fumaban hierba
y comían pasteles de corzo.

Una de las veces
mandó decapitar a los niños
y en el cuello amputado
enroscó ceniceros
y las cabezas rodaron
hasta la chimenea.
Y las llamas reprodujeron
en las paredes
las sombras del descalabro.
Platón se frotaba el infierno
en su retina
rindiéndose a Bivolaru.
Se fumó sus vidas
y se tragó el humo de sus almas.

viernes, 6 de mayo de 2011

Walker o el desconcierto

1.

Se despertó entre laureles
se limpió el musgo de los ojos
y mirando al cielo indignado
se abotonó la camisa.
Dio un puñetazo al lago
y el lago se volvió una catarata.
Escaló a través del agua
hasta llegar a la cima
y allí en pie, observó
todo el pasado a sus espaldas
y famélico de orgullo
se dispuso a destrozar
su antiguo honor
y aulló, aulló tan agudo
que la noche cayó en pedazos
negros
y aquí abajo
con sus brazos
alguien me rodeó por el cuello
susurrando:
“Puedes contarme lo que quieras
seré una tumba,
una tumba abierta
para ti.”



2.

Como siempre
vuelvo caminando a casa
cruzo la “Calle de los tomates”
y no le encuentro la gracia
pero en mi cabeza
suenan risas enlatadas
y todo el mundo sabe
que esas risas
son risas de gente muerta.
Continúo recto
y todas las chicas que veo
en las puertas de los bares
fumando a solas
parecen putas
cuando me siguen con la mirada.
Cierro los ojos
y sólo veo putas.



3.

Y un ruido tosco viene de arriba
es él
apaleando carne cruda
a puñetazos
sacando a golpes el sonido
entre delirios
de histeria contenida
y borrachera mortal.
Todo para acabar siendo
la última ficha
en el efecto dominó.
Y una de ellas
me señala con el dedo:
“Me gustaría verte morir
en mis brazos
es decir, entre mis manos
y ahogado
hacerte explorar el océano
como hice con Neptuno”



4.

“Alguien lo arrancó del cielo
y lo bajó a través de una tormenta”
dicta la leyenda
y no quiero seguir leyendo
pero él sigue místico y oscuro
rezando desde arriba
porque ha vuelto:
“The drift” (La deriva)
Y un cubo enorme de madera
retumba hueco
en medio
de una habitación vacía
saciando su locura
como un borracho
estrellando sin parar
un vaso de cristal sobre una barra.
Cruzo la avenida
giro a la derecha
y una publicidad me asalta:
“Deberías cambiar de aires
¿Sabes lo que te queda?”



5.

Mataré a Cronos
y compraré un reloj
que sólo cuente el tiempo muerto.
Por Orfeo
y toda la fuerza vertida en un charco
sabremos nadar
o nos hundiremos en el Averno:
Walker o el desconcierto
trozos de cielo negro
cayendo sobre todo esto
la zona sucia fuera de lugar
sus ojos hirviendo
en un reflejo
comienza el descenso
desciendo.


. . .


Como si fuera una emboscada
alguien me aconsejó:
“Deberías pasar página”
Pasé página
y sólo quedaba la tapa.



6.

Y en la tapa
una profecía
dictaba sentencia:
“El primer día de Junio
Eolo soplará la última vela.”

martes, 24 de marzo de 2009

Rácano, Diáfano y Garrafal

El viento nunca soplaba cerca de Rácano,
era esa clase de tipo
que jamás rellenaría una cubitera
después de ponerse un whisky con hielo.
No le gustaban los niños,
ni los perros, ni los gatos.
Y odiaba a las mujeres,
sobre todo odiaba su forma de gritar.
Todos los días escribía en una columna
de mármol
direcciones de domicilios.
Le gustaba pasearse por los grandes almacenes
y frotarse con disimulo cerca de las dependientas.
A algunas las seguía hasta su casa
y después tomaba nota.
Por las noches se convertía en una rata
y podía ver cosas que la mayoría
ni tan siquiera sabe que existen.
En su restaurante favorito
pedía patata hervida
y si algún niño lloraba cerca
le soltaba un sopapo lleno de ira
y dejaba de llorar.
“Demasiadas soluciones
para tan pocos problemas”
solía repetir con gesto duro
después de cualquier tertulia gris
en la barra de un bar.



Diáfano fue sentenciado
a servir en una mansión,
le gustaba quebrantar las leyes
sólo por el hecho de quedar desnudo ante todos.
En realidad no era mala persona
pero cometió tantos asesinatos
que lo acusaron de mayordomo.
En sus temporadas de calma
escribía un diario que se llamaba
“Las épocas opacas”.
No sabía vivir sin declararse vivo.
Un día se le ocurrió hervir el tiempo
y apareció flotando
en el dormitorio de la hija del señor de la casa.
Las mismas cortinas rojas
que envolvían la cama de la joven
le sirven de atuendo
para caminar sin rostro
entre las montañas
de "la Sierra de los desaparecidos".



Garrafal tenía las uñas llenas de mierda,
se rascaba la espalda con tebeos enrollados
y nunca dejaba de respirar fuerte.
Se echaba largas siestas en los parques,
no era muy alto pero calzaba un 52
y caminaba agarrotado.
Tenía el pelo revuelto y la nariz torcida.
Guardaba fotos eróticas dentro de sus calzoncillos,
de vez en cuando las sacaba y tras un árbol
se sacudía las ganas.
Le habían echado de todos los burdeles,
no le dejaban pisar ni un hospital,
ni siquiera el cementerio
y en la cárcel sólo duró un día.
Tampoco le dejaban jugar con los perros,
ya que por su culpa cogían pulgas y garrapatas.
Un día de calor infernal
se remojó en el estanque
y todos los patos murieron.
Grotesco juró no conocerlo de nada.
Esperpento y Aberrante negaron ser sus hermanos.
Lo que nadie sabe es que en otra vida
Garrafal firmó un pacto con el diablo
y verterá toda su miseria entre los vivos.





- A lo lejos, Macabro los observaba, sabiendo que ninguno de ellos jamás llegaría a ser como él.

martes, 28 de agosto de 2007

La profunda voz de Narizón

Narizón era un tipo duro
con cabellos blancos
y fumaba puros
mientras escribía falsas noticias
sobre sucesos
en lugares inventados.
Arlequín le proporcionaba
la mayor parte de la información.
Sólo trabajaban los domingos.
Eternos domingos de pijama y puros.
Narizón marcaba la pauta
pero Arlequín inventaba e inventaba...
El resto de la semana
Arlequín tocaba la mandolina
y Narizón cantaba.
Narizón tenía una voz astronómica
y Arlequín componía divinidades.
Un día Narizón cantó tan fuerte
que Arlequín se quedó sordo.
Arlequín no volvió a rasgar la mandolina
y Narizón comenzó a perder la voz.
Narizón escribió que Arlequín había muerto
y Arlequín lo asesinó.

Hay quien aún dice
que ninguno de los dos existió




pero yo escuché su voz.

Aplausos (ranchera croon)

Una solemne tontería
fue decir que me querías
fue decir que tus zarpazos
eran cálidos abrazos
y que me pertenecías.

Una vez en las entrañas
de aquel teatro sin gradas
con tu vestido de cuerdas
subida en un dromedario
conquistaste mis aplausos.

Amaneció aquel día
una grisácea lluvia
de cemento en mis cristales
de ese hotel que se erguía
entre las ruinas del pueblo
se apuntalaban los sueños
supe que te encontraría.

Tracioné a una delincuente
que quería darme suerte
le prometí una canción
y acabé robando a oscuras
con una mujer mayor
al final de aquel vagón
una botella de whisky.

Era mi octavo concierto
en "La gira del Señor"
todo iba a suceder
y yo no sabía ni un poco.
Me abroché las botas negras
caminé hasta la estación
encendí un cigarro,
quién sabe donde estarías...
y fue cuando comenzó.

Lunatic pandora

Dicen que algunos perros
huelen el cáncer
y que los chinos
ven la hora
en los ojos
de los gatos.
Y los crooner,
de vez en cuando
recortan monstruos
de la luna
y los pegan
sobre paisajes
de grutas verdes,
disimulando
estar borrachos.
Ése de traje
con algunos toques de humo
y desesperación
probó una pértiga
al infierno
y se rompió
cayendo en Purgatorio II
(Valencia.)
El hombre divorciado
que nunca aparece
en retratos
del cual se evita hablar
en público
quien fue retado
a abandonar la vida
y sigue caminando
por las avenidas.
Ése por el que todas mueren
y alguna murió
una vez.

La calma en el precipicio

Fue mal juzgado
y lo dieron inocente.
Ahora se pasea
por las calles de la ciudad
con la elegancia
de un atormentado.
Seguro que nadie sabe
que a él
le gustaría ser bueno.
Arrastra una guitarra
y algunas ojeras.
Lleva varios años
sobreviviendo
con ella.
No durarán mucho más.

Karma

Ella dijo: - "Me estás perdiendo"
- "No, te estoy malgastando
y eso me irrita." Respondió él.
Se derramó casi muerta
en sus rodillas,
él rió tan cruel...
- "Tranquila,
conozco varias formas
de joderte la vida
pero te voy a hacer feliz."

Los malditos

Las noches han dejado de seducir a los malditos,
ahora se levantan por la mañana,
se afeitan y se pierden entre las sábanas de la ciudad,
leen las instrucciones de los electrodomésticos,
compran coches que no saben conducir,
reciben correspondencia de entidades bancarias
e invitaciones de una sola noche a hoteles de lujo.
No entienden nada
y eso les gusta.
Viajan en avión y no repiten camisa jamás.
Y han dejado de fumar
(durante el día.)

Bendito Alain

Huyó del verano
como quien huye de un huracán,
dejó la puerta entornada al triunfo
con un cubo de agua sobre ella.
Se puso el pijama,
apagó una vela
y los tres móviles
que nunca sonaban.
Dejó caer un ramo de flores
sobre la alfombrilla
y abandonó su lado oscuro
para siempre.

Imágenes

Solange llora una muerte.
En una tienda de disfraces
una araña corretea
por una pieza de terciopelo rojo.
De noche, en la calle,
una cabina con el teléfono descolgado
bajo el sonido de la lluvia.
La habitación de una residencia
con las ventanas abiertas.
La calma en el precipicio.
Un cigarro se consume
a las tres de la mañana
en el botánico de un hotel
de una isla mediterránea.
En un restaurante,
un cocinero espera al cierre
con el murmullo de Moon River
en la radio.
Alain no volverá.